viernes, 12 de junio de 2015

Dios nunca cambia



Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

El mundo moderno es muy distinto de lo que era en tiempos Bíblicos, pero nuestro Dios nunca cambia. Él sigue hablando al corazón de su pueblo por medio de la Biblia, las dificultades y de muchas otras formas a fin de impartirnos su poder para que podamos obedecerle.

¿Desea usted experimentar su presencia poderosa? Si es así, le invito a orar, diciendo: “Padre celestial, deseo conocerte como hasta ahora no he logrado hacerlo. Muéstrame los aspectos de mi vida que no te agraden. Deseo someterme a tu control absoluto en todas las aéreas de mi vida. Te suplico que te manifiestes a mí tal y como tú desees”.

El Señor desea satisfacerle con su presencia y usarle de maneras sorprendentes. No se pierda una de las más preciadas Bendiciones de su vida: aprender a vivir estando persuadidos de que Él siempre está a su lado para dirigirle, defenderle y llenarle de gozo inefable en lo que Él mismo le tiene reservado para cualquier tarea que le encomiende debe ser su prioridad.


Usted es realmente importante para Dios y para nosotros. Solo reconozca su necesidad de Él y él hará…
Bendiciones y hasta pronto…

lunes, 8 de junio de 2015

Resucitados con Cristo




Resucitados con Cristo
Efesios 2:1-10Reina-Valera 1960 (RVR1960)
2  Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe.
10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Introducción
La historia de la humanidad ha demostrado que el hombre no es capaz de crear una sociedad justa, libre, humana y tranquila. El hombre mismo parece estar fuera de su centro.

Con este panorama de fondo, el apóstol Pablo nos invita a reflexionar en este pasaje en la carta a los Efesios.

Primero nos conducirá hasta las profundidades del pesimismo acerca del hombre: Estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Y luego nos llevará a las alturas de la gloria de Dios: Nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Nos mostrará lo que el hombre es por naturaleza y lo que puede llegar a ser por la gracia de Dios.

En el capítulo 1 Efesios 1:15-23, Pablo había estado orando por sus lectores para que Dios les diera espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él para que de esta forma pudieran llegar a entender las riquezas de la herencia que les esperaba en el cielo, y también la supereminente grandeza de su poder que estaba a su disposición, y de la que Dios había hecho una demostración histórica al levantar a su Hijo de entre los muertos y exaltarlo sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.

Cuando llegamos al capítulo 2, vamos a encontrar que este triunfo glorioso que Cristo experimentó sobre la muerte, es compartido con todos aquellos que creen en él: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.

1) Lo que somos por naturaleza

El apóstol Pablo comienza haciendo una descripción depravada y moledora de la condición humana apartada de Dios en la que están incluidos todos los hombres: estabais muertos Efesios 2:1 también todos nosotros lo mismo que los demás Efesios 2:3.

En los tres primeros capítulos de romanos, Pablo desarrolla el mismo argumento para concluir que tanto los paganos, como los judíos y finalmente toda la humanidad son culpables ante Dios por sus pecados.

Por supuesto, muchas personas discuten este diagnóstico que Dios ha dejado escrito en las páginas de la Biblia

Algunos estarían dispuestos a admitir que hay algunas áreas de sus vidas que necesitan de ciertos cambios, pero de ninguna manera aceptarían un diagnóstico que los coloca como muertos, sin posibilidad de recuperación. No se ven tan mal a sí mismos.

Otros siguen imaginando que el hombre tiene buen corazón y que en tal caso hay que hacer algo para que brote y se manifieste. Sugieren que con mejores leyes sociales, mayor bienestar y educación el ser humano puede llegar a conseguir una sociedad justa.

Pero el problema de no tener un diagnóstico correcto del origen y la gravedad de la situación del hombre, le lleva una y otra vez a tomar medidas para solucionarlo que se muestran completamente inadecuadas.

Una enfermedad radical requiere un remedio radical, y mientras el hombre siga fracasando en reconocer la gravedad de su condición, seguirá poniendo remedios superficiales e ineficaces. Por supuesto que una mejor educación es muy deseable, igual que leyes más justas que sean administradas con justicia, pero todo ello no podrá rescatar al ser humano de su estado de muerte espiritual.

En la próxima sección hablaremos un poco más de este asunto.
Bendiciones y hasta pronto

martes, 2 de junio de 2015

El precio.



Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Puesto que Dios es amor 1 Juan 4:16, quizá creamos que el hecho de brindarnos esta liberación amorosa le tomó poco esfuerzo.  Sin embargo, esta obra salvadora tuvo un precio muy alto.  Demandó que el Padre enviara a su Hijo unigénito a morir en una cruz.  El Señor Jesús fue traicionado, quebrantado, azotado, humillado y asesinado. 
No obstante, el dolor físico fue sólo parte de la tortura; el precio pagado por nuestra salvación puede aquilatarse mejor por su clamor desde la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Mateo 27:46; Marcos 15:34. En ese instante el Dios todopoderoso se separó de su Hijo, con quien había vivido en unión perfecta por toda la eternidad. Ahí, separado del Padre, el Señor Jesucristo probó la crudeza de estar separado del Padre por todo el ser humano que haya existido o que nacería.
Esa fue la demostración más profunda del amor de Dios por nosotros, no porque Él haya permitido que Cristo muriera, sino porque diera la espalda a su Hijo para que Él pudiera probar por sí mismo lo que es la muerte eterna, tomando el lugar de toda la humanidad. Si nosotros resistimos su amor aun tratando de ganar el favor de Dios por nuestra cuenta, en efecto estaremos diciéndole que su sacrificio no fue suficiente.
Bendiciones y hasta pronto